Hoy culmina en Medellín el Foro-Taller de Apropiación Social de la Ciencia, la Tecnología y la Innovación organizado por el Departamento Administrativo de Ciencia, Tecnología e Innovación – Colciencias y la Universidad Eafit.
Durante esta semana se han discutido con expertos nacionales e internacionales los aspectos más relevantes de la relación ciencia+tecnología+sociedad+innovación y se han logrado numerosas conclusiones.
“No hay una sola manera de conocer el mundo. Junto con el conocimiento científico existen conocimientos tradicionales y técnicos que se deben tener en cuenta para el desarrollo de las prácticas sociales”.
Esta puede ser una de las conclusiones del panel sobre investigación del Foro-Taller de Apropiación Social de la Ciencia, la Tecnología y la Innovación, en el que se debatió acerca de los discursos sobre la innovación y la necesidad de construir redes sociales de innovación.
El panel, moderado por el profesor Jorge William Montoya, estuvo conformado por los invitados internacionales Stephen Hilgartner, profesor asociado al Departamento de Ciencia y Estudios Tecnológicos de la Universidad de Cornell en Estados Unidos; y León Olivé, matemático e investigador social de la Unam en México.
“Se trata de desarrollar el concepto de pluralismo”, dijo León Olivé, quien ha desarrollado estudios sobre las relaciones entre ciencia, tecnología y sociedad. Y agregó que para incorporar el conocimiento científico y tecnológico a las prácticas sociales es necesario reconocer que existen otros tipos de conocimientos que permiten comprender mejor los problemas sociales y formular posibles soluciones.
Para Hilgartner, el asunto tiene que ver con las concepciones que se tienen sobre innovación. Por ejemplo, en el desarrollo de sus investigaciones sobre las dimensiones sociales y políticas de la “ciencia emergente” y de la tecnología, ha encontrado que hay dos discursos sobre la innovación que suelen ser antagónicos.
Progreso tecnológico Vs. bienestar social
El profesor comparó dos perspectivas sobre el cambio tecnológico, que en últimas son las que definen qué tipo de sociedad se va desarrollando.
El discurso tradicional considera la innovación como la bandera del progreso. “El inventor es casi un héroe, el único proveedor de bienestar social. Es una perspectiva que considera que los derechos de propiedad deben ser limitados, y que ha tenido como preocupación fundamental el desarrollo de la innovación”.
Ante esta mirada, y teniendo en cuenta las condiciones sociales de regiones como América Latina, existe un nuevo discurso tecnológico que tiene en cuenta la ciencia en el contexto en que se desarrolla y aplica. En otras palabras, considerándola articulada con el ambiente, el tiempo, la legislación, las condiciones sociales, el desarrollo y la tecnología de los pueblos.
“Busca tomar buenas decisiones en cuanto al desarrollo social, fomentando el diálogo dentro de los estados democráticos y pensando a las tecnologías como transformadoras de la sociedad”, explicó Stephen Hilgartner.
Desde este punto de vista, la innovación reconfigura las relaciones sociales; no es acumulativa como si fuera un camino que se va recorriendo. Un ejemplo claro es el caso de internet que más que un adelanto tecnológico, reconfiguró toda la sociedad, creando nuevos actores y modificando identidades.
El reto: redes sociales de innovación
De las inquietudes de los asistentes partió una de las conclusiones del debate: la necesidad de una transformación radical en el sistema educativo, pues no bastan las políticas sobre ciencia y tecnología, sino que el papel del Estado en el asunto debe incluir reformas en la educación y articulación de políticas sociales.
El experto León Olivé lo explicó con un ejemplo: “Hablar solo de pobreza es desconocer la injusticia social. Para impulsar la innovación social, hay que conocer bien las prácticas sociales, saber que tienen unos actores y un entorno determinado, natural y social”.
Entonces, para lograr esa apropiación tan anhelada, es necesario formar redes sociales de innovación que estén constituidas por diversos agentes, tales como ONG, instituciones, políticos, empresarios, científicos, tecnólogos e investigadores.
La red debe evitar la jerarquización del conocimiento, el científico no está por encima del técnico, religioso o tradicional. “Lo que comúnmente se debe hacer es privilegiar una estructura horizontal, en la que la red tenga en cuenta tanto a la investigación, como a la comunicación y la enseñanza”, agregó Olivé, quien considera clave las estrategias de difusión y comunicación en la ciencia y sus aplicaciones.
Fuente: Eafit






